Un grupo de hombres, mujeres y niños comparten

un lugar en una calle oscura próxima al centro de

la ciudad, enrollados de pies a cabeza en viejas

cobijas duermen y se calientan. En el mismo

andén una mujer peina a su hija, un hombre llora

mientras otros niños duermen abrigados en cajas

de cartón. La lluvia arrastra la basura y el polvo.

Del otro lado de la calle una niña llora, un perro

ladra y una mujer se mira en un espejo.

sutura

Cultivo cristales de sábila para sanar lugares heridos, de nuestros cuerpos, del cuerpo de la ciudad.

La ciudad es como una mujer. La ciudad es una tierra. Y es tan vulnerable como cualquier cuerpo como cualquier paisaje, es un tejido que vibra y siente. Lo importante no es su tamaño, su forma o su edad. Lo que importa es su pulsión, sus conexiones, sus recorridos, su multiplicidad, su locura, su comunidad, sus pensamientos, sus sueños. Posee zonas donde los campos de energía se concentran, donde se articulan mayores funciones, zonas de cruces, de trayectorias, de encuentros y desencuentros. Si una de estas funciones se perturba la armonía del conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad. La ciudad, el cuerpo de la ciudad es el escenario en el que se manifiestan los síntomas de la enfermedad. Manizales cuerpo, tierra, región. En ella se reflejan conflictos, dolores, tensiones, miedos, paradojas. Cuerpo herido, tierra herida, en su tejido social, en su cuerpo físico y emocional.

Una avenida rompió abruptamente la ciudad, dividió su centro en dos trozos que no pueden despegarse ni mirarse. El del norte y el del sur. El lado del norte donde se ubica la plaza de mercado fue condenado al olvido dando lugar a la desestabilización de las formas tradicionales de la economía, la discontinuidad en el espacio público, y a un desequilibrado y agudo conflicto social, cultural y ambiental que se manifiesta en violencia, prostitución, sicariato, contaminación, deterioro, inseguridad, indigencia. La implosión del edificio institucional acrecentó la herida. Cuando los habitantes del norte se visten de un color los del sur se visten del color opuesto. Los conspiradores son los únicos que se desplazan por los dos trozos de ciudad, saben como son verdaderamente, qué contienen, qué esconden.

Los sistemas, los cuerpos, las redes se autogeneran, se autoorganizan y a veces incluso se autodestruyen. Cualquier intervención en una de sus partes afecta a todo el conjunto: Planeación inadecuada, implosión, desmembramiento. Cada pieza contiene la totalidad.

Realizamos con hombres, mujeres y niños que habitan la ciudad herida una acción – medicina. Con nuestras manos tocamos la ciudad, sus zonas heridas, sus zonas olvidadas, sus zonas oscuras, sus zonas iluminadas, sus manchas, su irracionalidad, su aura, su sombra. Tejemos los hilos rotos del tapiz, limpiamos, unimos bordes, suturamos, hacemos coincidir amorosamente los fragmentos rotos de la ciudad, así como los fragmentos rotos de una vasija. Abrimos nuevas entradas y salidas. Producimos otras cartografías, alteramos, conectamos, hacemos visible la herida. Se trata de hilvanar y coser, unir trozos dispersos de la ciudad y de sus imaginarios.


Cultivo cristales de sábila para sanar lugares heridos, de nuestros cuerpos, del cuerpo de la ciudad.

cristal de sábila



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